Por qué dejé la pizarra blanca y me hice mi propio programa de taller
Llevo años entre coches. Y durante casi todos esos años, la forma de saber en qué estado estaba cada vehículo del taller fue la misma que en cualquier taller de este país: una pizarra blanca con matrículas y cuatro palabras al lado, notas de papel que acompañaban al coche y se perdían con él, y un grupo de WhatsApp donde alguien preguntaba "¿cómo va el Golf?" y había que dejar lo que tenías entre manos para contestar.
Funcionaba, más o menos. Hasta que no.
El día que de verdad me cansé fue uno normal: nos quedamos sin material a media reparación porque nadie había apuntado que quedaba poco stock, el presupuesto de un cliente estaba en un cuaderno distinto al de su ficha, y tuve que parar dos veces lo que estaba haciendo porque alguien me preguntaba por un coche que ya tenía escrito en la pizarra, solo que nadie se había fijado.
No soy programador. No tengo ni idea de escribir código. Pero sí sé exactamente qué necesita un taller, porque lo vivo cada día — y resulta que hoy en día eso basta para construir una herramienta de verdad, apoyándote en IA para la parte que tú no sabes hacer. Empecé pidiendo algo sencillo: un tablero donde mover cada coche de "en espera" a "en proceso" a "listo", que se viera igual desde el móvil de cualquiera del taller. Nada más.
Y entonces me di cuenta de que, si ya tenía eso, podía seguir resolviendo el resto de cosas que me sacaban de quicio. Que el almacén avisara solo cuando quedaba poco de una pieza, en vez de enterarte a media reparación. Que la ficha de entrada del coche se rellenara bien desde el principio — con la firma del cliente, los daños marcados, quién es y qué coche es — en vez de un papel que se traspapela. Que si ese mismo cliente volvía dentro de seis meses, el programa se acordara de él y de su coche, y el mecánico supiera qué se le había hecho antes sin tener que preguntar. Que la agenda de citas te avisara si un tipo de avería suele llevar un día entero, para no prometer algo que luego no vas a poder cumplir.
Nada de esto salió de una consultora de software pensando en talleres desde fuera. Salió de necesitarlo yo mismo, un taller a la vez, un problema real a la vez.
Hoy eso se llama Space16, y sigue siendo así de sencillo en el fondo: un mecánico que no sabía programar, resolviendo lo que de verdad le hacía falta, con las herramientas de hoy para hacerlo posible. Sigue mejorando cada semana con lo que piden los talleres que ya lo usan — literal, hay un botón de sugerencias dentro de la propia app, y lo reviso yo mismo cada día.
Si tu taller sigue en la pizarra blanca y el cuaderno, no hace falta que te lo cuente más — ya sabes exactamente de qué hablo. Puedes probarlo gratis, sin tarjeta y sin permanencia, en space16.app.